Que apretar los dientes... no te afloje la sonrisa


El otro día volvía del trabajo planteándome la inconveniencia o lo inoportuno de haber dado las gracias a una “compañera” por cierto tema a última hora. Y pensaba que, mientras había mantenido con ella un tono neutro, se había mostrado más respetuosa que a partir del momento en que pronuncié la palabra mágica... Pero igual me pasa cuando dedico un saludo amable y una sonrisa a alguien que me cruzo por la escalera a primera hora de la mañana o de la tarde, o entre clase y clase, o a la salida... Hasta ayer no había descifrado el mensaje que guardaba la callada por respuesta; hoy ya sé que no denotan más que la antipatía y la insipidez aprendidas o innatas... Y encima parece que las buenas palabras, la buena energía, el amor propio y por el prójimo activa en estos personajes de guiñol algún extraño resorte por el que pasan a considerarte un blanco fácil... una tonta, vaya.

Y entonces es cuando concluyo que salir al mundo no te enseña a ser mejor persona.
No me siento orgullosa de aprender a lidiar con la hipocresía, de idear estrategias para navegar entre la basura y mantener a bordo mis valores. No me siento en absoluto más plena, más alta, ni más profunda tampoco. Solo siento un cansancio mental y físico cada día del que no me recupero, me parece que llevara un mar dentro de la cabeza a todas horas, físicamente no es que haga gran cosa ahora mismo y en cambio a penas me resta energía para acometer las tareas de casa cuando llego, y no digamos para salir a correr con mi marido y nuestro perro... ¿Y lo espiritual? Guardado en una cajita para cuando vuelva a tener tiempo. Esta es la vida que llevo ahora... ¿La verdad? Mejor estoy en mi casa, en mi mundo, con los míos. Personalmente, estaba mejor estos meses atrás cuando estaba en mi casa cuidando de mi hogar y de mi familia. Y ellos, también. Yo, amiga, lo que llevo en los huesos es eso.  Supongo que son diferentes manifestaciones de La Loba.

Paso a resumir lo que he aprendido, lo que mantengo y las conclusiones en el paso de la segunda a la tercera semana de trabajo en este nuevo centro “educativo”: voy a ir a disfrutar, a tener más morro, y a llegar solo a donde llegue. ¿No está mal, eh? Pues eso. Lo apunto para que no se me olvide. Esta es mi táctica para superar este tramo difícil. Porque sé que pase lo que pase, haga lo que haga, el final será el mismo, como me dice Raúl. Y algo semejante apuntaba Caro en su blog Solo Otra Aficionada el mes pasado: aprobado o reprobado, uno se va exhausto y aliviado a tomar una cerveza (en mi caso, un vino) a brindar por ese trago amargo que quedó atrás y por el pronto restauro del normal funcionamiento psicosomático. Salud !! Ja ja. Cómo me reí con esa entrada “El día antes del examen”, recomiendo leerla. Pura inspiración.