Lo que más recuerdo de él son sus ojos chisposos, de los que un criterio equivocado sobre su persona no lograba apagar nunca ese brillo, y una sonrisa alegre que me dedicaba todos los días y a todas horas que me veía. Ja ja. ¡Tampoco dejó de animarme con el carné de coche! ¡Hasta me trajo una lista con preguntas de todo tipo (luces, señales, mecánica...). "¡Vamos, profe! que seguro que esta vez apruebas."
Resulta fácil entrever que mi relación con él fue siempre excelente. Porque resulta muy fácil exceler en el respeto y el trato humano con las personas. Y esa es toda la cuestión sobre la que fundamento mi relación con ellos: respeto por sí mismos, respeto hacia los demás, y respeto por parte de los demás hacia ellos. Y ejemplificarlo rato tras rato con tu propio comportamiento, sin tretas, sin inconsistencias. Mostrarles que es más valiente ser honesto, íntegro. Que vale más la pena tener valores, actitud, ética... que cosas. Que sientan que verdaderamente salen más cosas buenas de las personas si arrojas sobre ellos buena energía. Y que es lo justo entonces que sea recíproco.
Y para encetar esa nueva senda, me posiciono a la cabeza en lo que se refiere a creer en ellos. Y ellos, aunque sea al principio por no defraudarme, empiezan a actuar de mejor modo. A comportarse como unas mejores personas... a ser mejores personas.
Con este chico concretamente hablamos mucho sobre su futuro. Sobre la necesidad de apostar por él mismo y no tirar sus expectativas por la borda sólo porque otros no creyeran en sus sueños. Sólo porque otros le trataran "como si fuera...", o "como si no fuera...", depende de cómo se mire. Cosa que me parece detestable, lamentable, y un atentado a la mente y el espíritu en formación de personitas en esas edades.
Le recomendé que olvidara sacarse la ESO (Educación Secundaria Obligatoria) en ese cole. Y, tirando de ese hilo, se dibujó otro mapa a la vista. Le busqué información sobre centros, teléfonos donde llamar, etc. Los planes eran ahora otros y tenían sentido para él. Lo principal es siempre conservar intacta la ilusión.
Hoy me ha encontrado por el facebook y me ha escrito palabras de agradecimiento, de amistad y de ánimo. Me ha contado que se borró de aquel dichoso cole, decidió seguir adelante con los planes de nuestras conversaciones, le salió bien, creó una empresa, y ahora son 90 comerciales y él, como Director General, prestando sus servicios a nivel nacional. También regenta un albergue rural... ¡donde por cierto quedamos invitados mi marido y yo cuando queramos! Además, me pasará las fotos del terreno de 8 hectáreas donde se hará una casita, con caballos, una piscinita y un huerto. Estoy deseando verlas.
¿Qué puedo decir? Sólo darle las gracias, porque con noticias, palabras y gestos como los de hoy el compromiso vital y personalmente inevitable de luchar porque las cosas no sigan su decadente curso hacia adelante y arrastren consigo cuantos brotes de alegría, entusiasmo, justicia y bondad encuentren a su paso, vale sin duda la pena.
