¿Dónde está la libertad que un día conocimos?
Mi corazón llora. Mi alma se desalienta.
Si ni los indios lograron mantener su sistema de vida tradicional
ante la codicia y la falta de escrúpulos del hombre blanco,
¿qué lugar nos queda a nosotros?,
¿qué oportunidad de eludir el sistema?
¿qué posibilidades de construir un mundo aparte?
Me siento atrapada en el laberinto,
engullida por cómo son las cosas
desde mucho antes de que yo naciera,
desde hace más de un siglo,
desde el principio... en realidad.
¿Por qué ese afán con dominar
a otros, otras costumbres,
otras culturas, otras tierras,
otras ideas...? ¿Y por qué
ese constante hacer mal al otro,
apropiarse de su orgullo
y su energía...?
¿Por qué tanta invasión?
¿A qué viene tanta guerra?
¿A qué, esta pugna de poder?
La historia del hombre
en la tierra desde luego
no se asemeja a la tierra...
no tomó ejemplo
de la Madre Tierra,
por más que ésta
lo haya puesto ante nuestros ojos,
nos rodee con él,
en forma de cuantas formas de vida
animales y vegetales
han habitado el planeta...
El hombre es necio y obstinado.
No aprende. Lastima su entorno
y se hunde con el barco que destroza...
Tropieza con la misma piedra
y echa la culpa al camino que recorre...
Cuánto más nos valdría estarnos quietos
y callados, sólo ver... Ver
la maravillosa realidad
que aún queda a nuestro lado,
y no, no más que esos delirios
de grandeza, esos sueños
locos de poder
que nos vidrian la mirada
y endurecen el espíritu.
Ojalá el hombre blanco
se siente una vez más
en consejo con la Madre Tierra;
pero ojalá esta vez
escuche
en vez de hablar,
comprenda
en lugar de avasallar,
en lugar de avasallar,
quiera conocer y no destruir.
Tell me and I will listen.
Show me and I will understand.
Take me in and I will learn.
