El otro día, en la sala de espera de mi dentista, cerré la revista que estaba leyendo y me puse a mirar el reportaje sobre Antártida en la tele. En un momento dado, me di cuenta de que el señor de al lado también lo estaba mirando. Y entonces empecé a observarle a él, en lugar de mirar la tele. Asentía y negaba con la cabeza consecutivamente, a las claras impresionado por lo que veía. Lo que veía... Impresionado... Ahí me había ido yo... a través de los cristales graduados de sus gafas. A ver el mundo a través de sus ojos. Y pensé cómo sería sentir que un día ya no sabrías más qué sigue pasando en el mundo. Pero no me refiero a hechos, acontecimientos, noticias... Sino al mundo. A no saber cómo seguiría desenvolviéndose la vida... A no ver más pingüinos en la Antártida, ni más estalactitas, ni buzos haciendo fotografías por el fondo del mar (su hijo era buzo fotógrafo profesional, por cierto, y en ese momento estaba en las Islas Medas, me contó, además de explicarme lo que era un globo sonda, cómo sacaban información del hielo, etc.).
Porque hablamos de todo en poco tiempo. Quiero decir de todo lo que ocupa mi cabeza, más que nunca últimamente. Del ser humano, de su impacto sobre el planeta, de la naturaleza, el saqueo de los océanos y las selvas para alimentar a una sobrepoblación, la sobreproducción que sigue, la explotación de los recursos (incluyendo animales) a que lleva.... la educación, la desestructuración de la familia tradicional, la pérdida de valores...
Al final no me fui triste como me podía haber ido si no hubiera hablado con él, una persona mayor, sano y librepensador, quien me apoyó en mis planes de vida igual que el día antes había hecho yo con una persona más joven que yo, con quien también entablé conversación.... ¿por "coincidencias" de la Vida?
